Globalización, Otredad, y Diferencia

2003. Espacio Contemporáneo de Arte 

Acostumbrados a pensar y ver los grandes temas de nuestra experiencia cultural contemporánea en los libros, los noticieros y los grandes gestos de los que “tienen la posibilidad de dirigir el proceso social, olvidamos la fuerza y el poder de nuestras propias vidas cotidianas. El relato de la memoria individual, la afirmación de la “otredad y la diferencia”, eso que todos somos, puede ayudar a quebrar la lógica de la homogenización del proceso de globalización. 
Puede decirse de la muestra pretende enfocar en los choques perturbantes: del pasado con el presente, de la despersonalización  industrial  con la individualidad de lo artesanal, de los deseos del individuo  con los controles sociales, del tiempo limitado del individuo con la eternidad de la naturaleza, de la asignación de roles rígidos y de la fatalidad de los juguetes. Es un trabajo que ocupa un territorio, mediante la desfamiliiarización de cosas comunes como el cartón, la cerámica, la madera,  las planchas oxidadas,  el vidrio y el adobe.
Dentro un marco oxidado naturalmente (cuya superficie nos recuerda  la intemperie, su poder para cambiar todo) o dentro de la caja,   se arma una grilla con personajes, con juguetes, con cubos de arcilla individualmente cocidos. La grilla está dispuesta de manera que los objetos narran el drama o la tragedia de la mismidad o la diferencia, de la identidad, de la normalidad o la anormalidad, en fin, el eterno juego de las exclusiones..
Se trata de abordar a través de las técnicas de producción y los materiales una tradición latinoamericana de afirmación de las diferencias.
Mi trabajo se inscribe en la amplia, rica y desconocida tradición de arte latinoamericano. El Arte latinoamericano  no sólo cumple una función estética, sino también una función social, ya que siempre es un producto que se realiza para  un contexto histórico determinado e intenta interpelar a sujetos históricos concretos. Desde mi punto de vista toda obra condensa lo que podemos llamar el “espíritu de una época”, es decir,  las borrosas líneas de la imaginación de una comunidad, de la magia y de lo que todavía  no se puede ni ver, ni pensar, ni decir. Más aún hoy que asistimos al triste derrumbe del neoliberalismo importado del norte, con su secuela de pobreza, marginación y miseria, entiendo que el  verdadero artista trata de interpretar las necesidades de la comunidad en la que se inserta, en la que vive, piensa y sueña. Por esto en esta muestra me interesó trabajar algunas líneas relacionadas con nuestra experiencia de vida cotidiana. Como tan bien lo ha señalado Gerardo Mosquera , las comunidades latinoamericanas se ven sometidas a un  proceso que supone dos experiencias contrapuestas. Por una parte la de una nueva occidentalización,  es decir de una nueva expansión del capitalismo y  la construcción de una nueva racionalidad totalizante. Por otra parte, la experiencia de un mundo al alcance de la mano en la medida que la enorme revolución tecnológica construye nuevas redes, tiende nuevos puentes e inicia caminos más veloces y más seguros.  Todo esto enmarcado en  la reaparición de antiguos males, traídos de la mano de la miseria, de la desocupación y la marginación.
Este proceso paradójico, decíamos,  enfrenta la  construcción de la cultura occidental como metacultura y la emergencia de las comunidades decididas a la afirmación plena de sus identidades diferenciales. La globalización, nueva fuente de  conflictos,  determina las posibles orientaciones a la que los artistas e intelectuales deben responder.
La simple narración de los caminos de los “diferentes”, ya sea por su orientación sexual, por no tener voz, o por no tener, abre el territorio de las alternativas. Esas son las narraciones que habitan mi obra.
S.R
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