Intemperies

Aviso de incendio. Voz de alarma que irrumpe en el espacio público. Acciones callejeras que denuncian la ausencia de políticas respecto de las artes visuales y los bienes patrimoniales comunes. Todo eso es MendoArde, el colectivo artivista que comenzó sus intervenciones hacia finales del último verano, cuando las llamas del ECA, la inundación del MMAMM y el serio deterioro edilicio del Museo Fader puso a lxs hacedores culturales en estado de alerta.

No es azarosa la elección del nombre, claro guiño a Tucumán Arde, la experiencia que tuvo lugar en esa provincia del norte argentino hacia finales de los años 60 y que tensó al máximo las cuerdas del arte y la política. Aquellos (y estos) eran (son) tiempos de agudización del conflicto político y social, así como de avance de las derechas sobre el campo popular. 

Hoy, cuando lo público está en riesgo. Cuando las reglas del mercado se erigen como parámetro para medir la legitimidad de las políticas públicas. Cuando no hay instituciones ni funcionarixs comprometidxs con éstas, lxs artistas toman las calles para registrar fotográficamente el estado de los bienes patrimoniales de la ciudad.

La obra que de allí surge es un inventario fragmentado y disperso  que retrata las marcas del abandono sobre el acervo cultural. El espacio urbano deviene así campo de experimentación, laboratorio desde el cual se construyen nuevos sentidos y en el que se ponen en juego las estéticas de la intemperie.

Intervenir y habitar ese espacio. Registrar esos monumentos, obras y museos en ruinas es también quedar libradx a la fragilidad, al azar, a la contingencia y es permitir que el hecho artístico se “contamine” con la presencia de lo político.

Paradójicamente, en ese terreno de lo abierto y lo precario, lxs artistas encuentran el refugio necesario para agitar otros fuegos, no los que reducen todo a cenizas, sino aquellos en los cuales  reverberen futuros mejores y construidos en el hacer colectivo.

Por Eva Rodríguez Agüero