Pliegues y Repliegues

2003.  Colectiva 4to año  Cerámica Artística

Espacio Contemporáneo de Arte

El pliegue es la figura que puede expresar la idea de nuestra experiencia social contemporánea. ¿Por qué? Pues es el gesto de lo que somos y padecemos, la montaña es un pliegue y nosotros lo somos. Parece que nos replegamos en nosotros mismos, que nos resulta difícil des-plegarnos. Es el gusto conservador por el encierro y la endogamia, pero al mismo tiempo,  es el gusto por la desmesura y por los meandros. ¿Podemos decir que es el pliegue el signo de un  gusto por lo barroco? Puede ser, pero hay varios barrocos. 

En efecto,  está el barroco europeo en su predilección por los materiales porosos. Son los materiales  nunca rectos, esponjosos o cavernosos, en una palabra, el gusto barroco por el travertino, dirigido a la constitución de una forma turbulenta que siempre se nutre de nuevas turbulencias, como si se le pidiera a la materia que  desborde el espacio, se  concilie con lo fluido, y al mismo tiempo,  que lo fluido se distribuya en masas.
Leibniz lo explica en su Pacidius Philalethi: “La división del continuo  no debe ser considerada como la de la arena en granos, sino como la de una hoja de papel  o de una túnica de modo que puede haber en ella una infinidad de pliegues, uno más pequeño que otros, sin que el cuerpo se disocie nunca en puntos o mínimos”

Si visualmente el pliegue expresado en el travertino resume la experiencia de lo barroco europeo, en Nuestra América el pliegue no nace de una concepción fluida de la materia. Los pliegues, meandros y la experiencia de la turbulencia tienen el sentido de lo que se oculta para resistir, lo que se mete para adentro para continuar y superar la violencia, una turbulencia cargada de injusticia y arbitrariedad. Esa es la función de  superposición y el disfraz que también marcó las operaciones de la resistencia de nuestros pueblos andinos, no por casualidad la virgen María se convierte en la Montaña, así María le presta una máscara a la Pachamama para continuar como destinataria de las súplicas, las ofrendas y las creencias. Por esa causa  ya en 1944 Joaquín Torres García ejecutó una obra de la noble diosa en madera pintada. En este sentido los pliegues nos llevan a una memoria histórica que nos define.

Omar Calabrese  afirma que el gusto contemporáneo es neobarroco, lejos ya del  gusto clásico:  “Por clásico entenderemos sustancialmente las «categorizaciones» de los juicios orientados a afirmar las homologaciones establemente ordenadas. Por barroco entenderemos, en cambio aquellas categorizaciones que  excitan  fuertemente el  orden del sistema y lo desestabilizan por alguna parte, lo someten a turbulencia y fluctuación y los suspenden en cuanto  a la capacidad de decisión de los valores” 

Pliegues y repliegues, nuestra identidad regional ¿habrá que des-plegarla? ¿re-plegarla? Pero cada pliegue es un desafío a la estabilidad del sistema, es incorporar lo Otro, es subversivo en la medida que pone en cuestionamiento lo que se consideró eterno, estable e incuestionable. Por eso los pliegues.

S.R.

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