El Bestiario y sus Mascaras en el Presente 

2016 Hotel Intercontinental Mendoza

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Animales, Máscaras, Fábulas, corporizados simbólicamente en críticas visiones de la sociedad en la que estamos inmersos. Conviviendo de una forma lúcida y fastuosa en un espacio onírico que sólo el arte proporciona, como un aleph insólito… Es lo que nos propone esta muestra que florece en la primavera de un extraño y convulsionado 2016.

Ella nace en los bestiarios medievales, compendios ilustrados en los que desfilan seres  reales o quiméricos que se apoderan del mundo cristiano, protagonizando luego fábulas  que metaforizan el comportamiento humano bajo un velo de censura y detracción. ¡Ay Samaniego, quién te viera hoy!

Estas bestias fabuladas habitan hoy en las máscaras sociales que nos propone esta exposición.  Se apropian de los relatos y las visiones de los artistas, rondan sus palabras e imágenes con la certeza de ser escuchadas. Se materializan en grupos escultóricos que dan testimonio de cómo algo tan antiguo y misterioso puede presentarse en el mundo contemporáneo, respetando a rajatabla la intención original de la crítica  y la reflexión social y política. Celebremos esta oportunidad de unir los ancestrales mantras del arte al aliento vital del que nos interpela hoy.

EL BESTIARIO Y SUS MÁSCARAS EN EL PRESENTE   /  Por Sergio Rosas y Natalia Rosales

 

Los bestiarios  fueron compendios ilustrados que nacieron en la Edad Media como un vistoso modo de describir animales, plantas o motivos de la naturaleza, que existían o no en la realidad. Cada representación de una bestia  solía estar acompañada de una fábula, en la que el animal adquiría características humanas y su historia remitía a una enseñanza moral, en tono de crítica al mal comportamiento.

Estas formas de reflexión acerca de la vida social también han sido materializadas a través del uso de las máscaras, desde tiempos más lejanos aún,  ya que se dice que el nacimiento de la máscara está asociado al momento en el que se produce la autoconciencia. En una multiplicidad de culturas, los primeros usos de la máscara aparecen de la mano de lo ritual, lo religioso y lo teatral. Es una representación de los arquetipos pertenecientes al imaginario social, asociada a los temores y aspiraciones de una cultura.

En la vida cotidiana contemporánea utilizamos muchas máscaras, ya sea de manera consciente o inconsciente. Son nuestros escudos para presentarnos ante los otros, para proteger nuestra intimidad o para fingir ser algo que no somos.  Es algo que nos permite expresarnos sin comprometernos demasiado con el entorno, y sin develar nuestra verdadera naturaleza. Esta utilización de máscaras se relaciona mucho con la superficialidad y la falsedad, pero también tiene un lado positivo: nos permite adaptarnos socialmente.

El gran problema colectivo deviene cuando sujetos poderosos utilizan estas máscaras como una herramienta de dominación social: podemos caer en el error de percibirlas no como algo ficticio que enmascara un deseo de poder solventado en el régimen del sabotaje y la lógica del pánico, sino como algo verdadero que encarne una respuesta a  nuestras expectativas.  El triunfo en la imposición de estas máscaras sociopolíticas se apoya, principalmente,  en un  hedonista sistema de valores impuestos por los medios de comunicación.

Pero no todo está perdido: también existen hoy las micro-utopías y encantamientos, los amigos fraternos, y la familia, en sus múltiples versiones, definiendo nuevas formas de vivir en armonía. Surfeamos en las olas de una sociedad líquida, siempre cambiante,  y cada vez más imprevisible. Nuestras máscaras  no son buenas ni malas,  sino útiles paliativos para una realidad incierta que nos acontece.

 

Entendemos al arte contemporáneo como un "tercer espacio" que otorga al sujeto una situación enunciativa alternativa ("postmoderna") permitiéndole salir de la bipolaridad tradicional ("moderna") entre Norte y Sur, entre colonizador y colonizado, teoría y práctica. En vez de invertir simplemente las categorías, el sujeto hoy se autodefine y se auto representa fuera de esta bipolaridad.

 

 Detrás de las máscaras que hoy re-presentamos, ricas en simbolismos, metáforas y evocaciones, aparece esa voluntad de soñar  otra realidad.

 

“El tema más complejo y lleno de sentido en la cultura popular… El complejo simbolismo de las máscaras es inagotable. Bastaría con recordar que manifestaciones como la parodia, la caricatura, la mueca, los melindres y las monerías son derivados de la máscara. Lo grotesco se manifiesta en su verdadera esencia a través de las máscaras”. (Bajtin, 1994:42)

Por Sergio Rosas y Natalia Rosales